El Mundo - World News and Analysis El Mundo - World News and Analysis

Las mitologías citadinas de Homero Carvalho Oliva

Opinión 21 de febrero de 2023 Juan Carlos Ramiro Quiroga
Torres dos
En la fotografía, el autor de "Ciudades y otros lugares", Homero Carvalho Oliva. 1988. New York.

Son las palabras que gravitan en la memoria del escritor y bardo Homero Carvalho Oliva, 65 años, las que pugnan por trazar un sentido y hasta destino citadino a través de artículos y crónicas en “Ciudades y otros lugares. Artículos y crónicas (Bolivia, 2023)”.

Un primer apunte sobre estos artículos y crónicas sobre “Ciudades y otros lugares” por Homero es que es el mejor pretexto para escribir-recordar a los autores y poetas nacidos y reconocidos en sus ámbitos, proximidades y recovecos: para nada fue casual dar la mano a Juan Rulfo en México D.F. o conocer a Jaime Saenz en La Paz.

Y esta lista de encuentros y descubrimientos en las ciudades no es infinita. Sí, profundamente entrañable y azarosa; sí, aglomerada y enumerativa; sí, vasta y familiar –con las citas literarias de libros, lecturas y autores, puntualmente, señalados y convertidos en mitologías a la manera del semiólogo Roland Barthes. 

En “Los caminantes”, Homero anota la posible impronta de esos artículos y esas crónicas: a) “En algunos caminos lo importante son las palabras que poseen personalidad y poderes espirituales, las palabras nos recuerdan que el mundo fue creado para ser contado”. 

b) Sin embargo, hay cosas que sólo existen en la memoria de algunos caminantes que imaginan sitios imposibles que creen haber visitado o lugares maravillosos de los que no hablan porque los creen cosechas de sus sueños. Ahí, regenta la lectura de libros y la contemplación está tamizada por ella. 

En efecto, “la poesía es nuestro último Paititi y que, pese a la virtualidad, las palabras siguen y seguirán siendo el signo de los tiempos”, dice Homero para recalcarnos que las “Ciudades y otros lugares” son ante todo palabras y ciertas mitologías antes que noticias sobre hechos reales e históricos. 

Un sentimiento es incuestionable, Homero quiere agotar la narración, el relato y la poética de las ciudades que visitó en persona, aún aquellas que logró rozar (o vislumbrar) a través de la lectura de los libros: 25 ciudades por el exterior comenzando y acabando en México D.F., hoy CDMX; atravesando por tres ciudades escandinavas (Estocolmo, Oslo, Copenhague), Múnich, Florencia, Barquisimeto, La Habana, Buenos Aires, y París… 12 ciudades por el interior que van desde Santa Ana del Yacuma cruzando por La Paz, Cochabamba, Tarija, El Alto y culminando en Santa Cruz de la Sierra.

Para cada una de estas ciudades y las otras, Homero tiene una mitología apropiada, el exacto número de escritores, el puntual bardo como un barman, con las palabras precisas y preciosas. La ciudad como tal siempre ha sido territorio literario: “abrigo de poetas y bohemios”, como dice mi amiga Gigia Talarico, refuerza Homero.

Y, en todo esto, ¿a dónde queda la ciudad de Dios? A los seis años, en 1963, Homero conoció la ciudad de La Paz y conoció el más elemental de los desasosiegos, que las ciudades estaban llenas de misterios. O como dice Italo Calvino, la ciudad “no cuenta su pasado”.  En su primera crónica, en vez de hablar de La Paz, Homero rememora a la primera ciudad anotada en la Biblia, “la ciudad de los tiempos remotos”, la que fundó Caín y la nombró Enoc, en homenaje a su hijo. 

En esa obsesión de definir la ciudad, Homero fatiga con innumerables citas literarias que vienen al caso: escritas por autores clásicos como Platón, Le Corbusier, Walter Benjamín, James Joyce, Claude Levi-Strauss, Guillermo Cabrera Infante, Georges Bataille, Karl Marx, entre otros célebres, y sólo una mujer en esta lista –Gigia Talarico. 

Aunque estas definiciones demarcan un mapa mental que sueña, mira, vislumbra y sopesa Homero: la forma de una ciudad le ha llegado a través de 2022, un annus mirabilis, un año maravilloso. Entonces, “este libro es natsukashi, que en japonés significa ´nostalgia feliz´, el instante que recuerdas que algo te hace feliz”, clarifica el autor. 

Homero alcanza con este nuevo libro algo parecido al estado de gracia o éxtasis de Santa Teresa de Jesús, del que descreía totalmente Mario Vargas Llosa. Recuerdo que, en la década de los 90, cuando el escritor peruano fue invitado a la ciudad de La Paz fue abordado por una niña en una conferencia de prensa, quien le preguntó si era feliz. Él inmediatamente descalificó ese estado de embobamiento que nunca había alcanzado en su vida.

Una de las características centrales de “Ciudades y otros lugares” y la que más conmueve es la ciudad de México D.F., “ombligo de la luna”, porque ahí Homero se descubrió, primero, como un joven exiliado a causa de la dictadura de García Meza, acaecida el 17 de julio de 1980. “Llegué a D.F., como se llamaba entonces, un 24 de agosto de 1980, día de mi cumpleaños”, recordó. 

Y, segundo, porque Homero a los 23 años encontró en esa ciudad mexicana su vocación literaria, porque logró el Premio Latinoamericano de Cuento. El jurado, de entonces, estuvo integrado por el equipo de FEM, revista femenina, y por Elena Poniatowska, y pare de contar…. Y con el premio conoció la ciudad marítima de Acapulco. 

52 años después, Homero visitó la misma ciudad de su exilio, llamada ahora CDMX, para encontrarse en persona a la misma Poniatowska, ahora Premio Cervantes 2013, convertido él ya en un gran narrador, un gran vate y un gran cuentista bolivianos. 

Cuando Homero rememoró la ciudad de N.Y. que conoció en 1988, sucedió el trastoque literario que evade la vena turística característica, porque rememorará a José Martí y a Julio Cortázar por medio de Rosario Santos, “una hermosa boliviana que era amiga de grandes escritores”. 

Otra ciudad entrañable para Homero es La Paz donde pasó su niñez, su adolescencia y su juventud. “La Paz, por extraño que parezca, es un abismo y una montaña”. Asimismo, es la ciudad de los inmortales como titulará una de sus novelas. Vivió en la calle Almirante Grau Nº 657, entre Boquerón y Bartolina Sisa, zona de San Pedro. 

En la actualidad, Homero ha echado raíces en Santa Cruz de la Sierra que, según su apreciación, no es una ciudad ya hecha, sino una que está en proceso de hacerse. Y precisamente en este lugar errante, él escribe: “Nos creemos habitantes de las ciudades sin sospechar siquiera que son ellas las que nos habitan. Creemos que las construimos a nuestra imagen y semejanza y lo cierto es que ellas, urbes inmemoriales, nos permiten construirnos al interior de sus cuerpos”.

La Paz, 8 de noviembre de 2022.

Te puede interesar

IMG-20230215-WA0003

Acerca de Ciudades y otros lugares

Homero Carvalho Oliva
Opinión 15 de febrero de 2023

Homero alcanza con este nuevo libro algo parecido al estado de gracia o éxtasis de Santa Teresa de Jesús. Juan Carlos Ramiro Quiroga

Lo más visto

Newsletter

Suscríbete al newsletter para recibir periódicamente las novedades en tu email